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domingo, outubro 28, 2018

vozes da biblioteca

«Deus é o único ser que, para reinar, nem sequer precisa de existir.» Charles BaudelaireFogachos (1851) (tradução de João Costa)

«Bem sinto a dor que o teu olhar goteja; / Mas o Princípio, por melhor que seja, / É pai dum monstro, que se chama Fim!» Queirós RibeiroPedras Falsas (1903) / Cabral do NascimentoLíricas Portuguesas - 2.ª Série (s.d.)

«A criação da corrente perdurável -- e inexorável -- das coisas, crê o autor tê-la experimentado ao escrever algumas destas páginas.» AzorínCastela (1912) (tradução minha)

«Ignoro tudo, acho tudo esplêndido, até as coisas vulgares: extraio ternura de uma pedra.» Raul Brandão, Memórias I (1919)

«De resto, neste país não se passa economicamente nada, a não ser miséria.» (24 de Dezembro de 1935) Jaime Brasil, Cartas a Ferreira de Castro, ed. Ricardo António Alves (2006)

«Como não tinha tempo para despedir as chatices pagava aos cigarros para conversarem com elas.» António Alçada BaptistaUma Vida Melhor (1984)





segunda-feira, junho 23, 2014

de Castela não se vê o mar



Castilla, de Azorín, publicado em 1912, é um livro que peneira a alma castelhana, com um estilo único de poesia e melancolia que me faz muito recordar o seu compatriota e contemporâneo (e Prémio Nobel) Juan Ramón Jiménez, admirável poeta.
De Castela não se vê o mar. «El mar» é um dos capítulos desta obra preciosa. Castela está fechada sobre si mesma, nos povoados ermos e nas estradas poeirentas, distante da enigmática imensidão para lá da linha do horizonte, do bulício portuário estuante de vida, e dos acidentes que ela, a vida, traz.


O incipit: «Un poeta que vivía junto al Mediterráneo, ha plañido a Castilla porque no puede ver el mar.»
um parágrafo: «No puede ver el mar la vieja Castilla: Castilla, con sus vetutas ciudades, sus catedrales, sus conventos, sus callejuelas llenas de mercaderes, sus jardines encerrados en los palacios, sus torres con chapiteles de pizarra, sus caminos amarillentos y sinuosos, sus fonditas destartaladas, sus hidalgos que no hecen nada, sus muchachas que van a pasear a las estaciones, sus clérigos con los balandranes verdosos, sus abogados -- muchos abogados, infinitos abogados -- que todo lo sutilizan, enredan y confunden. Puesto que desta ventanita del sobrado no se puede ver el mar, dejad que aquí, en la vieja ciudad castellana, evoquemos el mar. Todo está en silencio: allá en una era del pueblo se levanta una tenue polvareda; luego, más lejos, aparece la sierra baja, hosca, sin árboles, sin viviendas. Cómo es el mar? Qué dice el mar? Qué se hace en el mar? Recordemos, como primeira visión, las playas largas, doradas Y solitarias; una faja de verdura se extiende, dentro en la tierra, paralela al mar; el mar se alleja inmenso, azul, verdoso, pardo, hacia la inmensidad; una banda de nubecillas redondeadas parece posarse sobre el agua en la línea remotísima del horizonte. Nada turba el panorama. La suave arena se aleja a un lado y a otro hasta tocar en dos brazos de tierra que se internan en el agua; las olas vienen blandamente a deshacerse en la arena; pasa en lo alto, sobre el cielo, una gaviota.»
Azorín, Castilla, edição de Inman Fox, 14.ª ed., Madrid, Editorial Espasa Calpe, 2004, pp. 153-158.







quarta-feira, julho 20, 2011

caracteres móveis - Azorín

Como és el mar? Qué dice el mar? Qué se hace en el mar? Recordemos, como primera visión, las playas largas, doradas y solitarias; una faja de verdura se extiende, dentro, en la tierra, paralela al mar; el mar se aleja immenso, azul,  verdoso, pardo, hacia la inmensidad; una banda de nubencillas redondeadas parece posarse sobre el agua en la línea remotísima del horizonte. Nada turba el panorama. La suave arena se aleja a un lado y a otro hasta tocar en dos brazos de tierra que se internan en la agua; las olas vienen blandamente a deshacerse en la arena; pasa en lo alto, sobre el cielo azul, una gaviota.

Castilla

sábado, julho 16, 2011

caracteres móveis - Azorín

No puede ver el mar la vieja Castilla:  Castilla, con sus vetustas ciudades, sus catedrales, sus conventos, sus callejuelas llenas de mercaderes, sus jardines encerrados en los palacios, sus torres con chapitelles de pizarra, sus caminos amarillentos y sinuosos, sus fonditas destartaladas, sus hidalgos que no hacen nada, sus muchachas que van a pasear a las estaciones, sus clerigos con los balandranes verdosos, sus abogados -- muchos abogados, infinitos abogados -- que todo lo sutilizan, enredan y confunden.

Castilla